Y me pregunto, y ¿si mi felicidad estuviese aquí?
Este fin de semana, he estado con el voluntario que me sustituirá cuándo me marche, empezamos a hablar del proceso, de cuándo se vendrá a Atupele, quiere venirse a mediados de Octubre, ¡ya mismo!, estaremos mes y medio juntos, viendo cuál ha sido mi trabajo, y cuál será el suyo, lo cuál está fenomenal, y me alegró. Sin embargo al llegar a la cama, me costó conciliar el sueño.
Me hizo pensar, que mi tiempo aquí se acaba, me hizo, por primera vez, plantearme que podría quedarme. Aquí, me siento feliz, ¿Por qué cambiar?, ¿Por qué no quedarme mas tiempo?.
Sin embargo, lo nuevo, esta vez, el adentrarme mar a dentro, es contrariamente a lo que podría parecer lo normal, volver a mi verdadera casa. Muchas cosas nuevas me esperan allí, o mas bien mucho de nuevo llevo dentro de mí.Por tanto, estas ideas, nacen del miedo.
Dios me pide que reme de nuevo mar a dentro, me lo pidió el año pasado, y mi barca me trajo a esta costa, que tan feliz me hace, y cuándo tome de nuevo mi barca, aunque sé que al otro lado estará mi casa, para mí será adentrarme en lo desconocido.
Con esta certeza, vuelvo en una matola a Alinafe, atardece, el rojo del sol, se funde con la tierra arcillosa, y pasa el tiempo, esas horas en las que el número de minutos indeterminados, en los que el tiempo, a veces se detiene, y permite disfrutar de los segundos minuciosamente,
viendo la elaboración artesanal de los colores del atardecer africano. Ora el tiempo corre, y se escapa de las manos cómo el agua, pero dejando la piel mojada y limpia. El reloj, no tiene valor aquí.
Y miro a la tierra firme y empujo mi barca, sin pensar, me adentro en el agua... y el sol se empieza asomar, tímido. De fondo, escucho a las amáis (las mamás) cantando, sus alegres canciones espirituales. Huele a tierra, a Africa. Y sonrío.
De momento, me alejaré, sólo para pescar. Echaré la red, y al sacarla, tendré siete peces, y la Madre, me hará llegar dos panes, y con ellos tendré alimento suficiente para terminar mi trabajo, mi experiencia de un año dedicado a Dios y los demás.
Este fin de semana, he estado con el voluntario que me sustituirá cuándo me marche, empezamos a hablar del proceso, de cuándo se vendrá a Atupele, quiere venirse a mediados de Octubre, ¡ya mismo!, estaremos mes y medio juntos, viendo cuál ha sido mi trabajo, y cuál será el suyo, lo cuál está fenomenal, y me alegró. Sin embargo al llegar a la cama, me costó conciliar el sueño.
Sin embargo, lo nuevo, esta vez, el adentrarme mar a dentro, es contrariamente a lo que podría parecer lo normal, volver a mi verdadera casa. Muchas cosas nuevas me esperan allí, o mas bien mucho de nuevo llevo dentro de mí.Por tanto, estas ideas, nacen del miedo.
Dios me pide que reme de nuevo mar a dentro, me lo pidió el año pasado, y mi barca me trajo a esta costa, que tan feliz me hace, y cuándo tome de nuevo mi barca, aunque sé que al otro lado estará mi casa, para mí será adentrarme en lo desconocido.
Con esta certeza, vuelvo en una matola a Alinafe, atardece, el rojo del sol, se funde con la tierra arcillosa, y pasa el tiempo, esas horas en las que el número de minutos indeterminados, en los que el tiempo, a veces se detiene, y permite disfrutar de los segundos minuciosamente,
Y miro a la tierra firme y empujo mi barca, sin pensar, me adentro en el agua... y el sol se empieza asomar, tímido. De fondo, escucho a las amáis (las mamás) cantando, sus alegres canciones espirituales. Huele a tierra, a Africa. Y sonrío.
De momento, me alejaré, sólo para pescar. Echaré la red, y al sacarla, tendré siete peces, y la Madre, me hará llegar dos panes, y con ellos tendré alimento suficiente para terminar mi trabajo, mi experiencia de un año dedicado a Dios y los demás.
1 comentarios:
Hola Pablo!
Ciertamente, como dices, a veces el trabajo en casa es el más dificil y el que más queremos evitar...
Ánimo estos meses y un abrazo muy fuerte!!
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