
El
lunes, fue el pago de los salarios. Traté de mostrarme lo más cercano posible. Desde luego, es una buena forma de irme aprendiendo los nombres de todos y que ellos me vayan conociendo.
Se hace como se hacía antes de existir las transferencias. El contable y yo nos ponemos a contar las nóminas de cada uno (que las redactamos a mano) y las vamos metiendo en sobres. Luego van pasando uno a uno por caja, y cuentan su dinero.
Un detalle muy bonito: es tradición aquí que parte del sueldo se de voluntariamente nada mas recibirlo para que una comisión elegida entre los propios empleados del Hospital, utilice este dinero en la causa social que estimen mas necesaria cada mes.
Así, el mes pasado pagaron la fiesta de despedida de Fernando y este mes ayudarán a Mr Kaira (el asistente que tiene SIDA).
Los sueldos aquí oscilan entre las 8 mil y 40 mil kwachas al mes (entre 40 y 200 euros). Con ellos la gente de sueldo bajo pueden comprar su comida, la que encontramos en los mercados tradicionales, en cada época los frutos y verduras correspondientes. Con ellos hacen su enzima (una especie de puré de maíz insípido) que lo comen como nosotros nuestro pan. Si hay dinero, van a moler los granos al molino, sino, se pueden ver en las casas cómo las mujeres lo muelen con los largos y pesados palos de madera.
Los de sueldos más altos, pueden permitirse comprarse también algo de ropa, (aquí la ropa es de segunda mano, me imagino que toda la ropa que se ve en el mercado, es aquella que nosotros desechamos y regalamos allí). Pueden comprarse un móvil (o conseguirlo) y de vez en cuando recargarlo, los más ricos tienen un transistor…
La gente aquí, se dedica principalmente a la agricultura. El problema es que sólo lo hacen de subsistencia. Si les gustan los tomates, pues plantan tomates. Que les sobran unos pocos, los venden en el mercado y con el dinero, compran azúcar o jabón, o simplemente los cambian por plátanos, o por mangos. Digo que es el problema, por que si por algún motivo se les echa a perder la cosecha, (sequía, enfermedad… etc) llega la hambruna, esa familia no come, y cuando no comen, mueren de hambre.
Y aquí es cuándo entramos los occidentales… y les decimos ¿porqué no cultiváis grandes plantaciones? Y les dimos maíz para plantar, cambiándoles sus hábitos alimenticios, y les dimos fertilizante, y les hicimos dependientes del suministro…
Los mas privilegiados, pueden tener también algo de ganado, gallinas, incluso algunos vacas, que también pueden ser utilizadas con el yugo para arar….
El
martes llegó una nueva sister, que se encargará de la farmacia, es mayor, pequeñita, se llama Trinidad, cómo mi madre, y tiene pinta de ser buena, muy buena persona.
Fuimos a la frontera con Tanzania. Llevamos tres semanas en las que el suministro de diesel y sobre todo de parafina está casi imposible. Así que vamos a la frontera (cruzarla me costaría 50 dólares) y pagamos a unos chavalillos para que nos cambien el dinero y que con su bici, crucen la frontera y en Tanzania llenen unos bidones de parafina…

El
miércoles estuve en Karonga. Malawi, se divide geográficamente en tres zonas. Yo me encuentro en la Norte, cuya capital es Mzuzu. En todo el país, oficialmente se habla el Chichewa (idioma de los Chewas), en la zona Norte, tienen un idioma propio el Chitumbuka (idioma del pueblo Tumbuka). Dentro de la zona norte, Atupele se sitúa en la región situada mas al Norte, cuya capital es Karonga. Aquí se habla un dialecto llamado Chikhonde. Total, que es normal que una persona hable aquí su dialecto, el idioma de la región y entienda el idioma oficial del páis. Eso los que no saben inglés, que pueden ser entrono al 20%. Dentro de la región de Karonga, Atupele está al norte, en Kaporo, cerca de la frontera con Tanzania. Estamos literalmente, allí dónde se perdió Livistonge… pues mas allá, mas perdidos, vamos que tratamos de llegar allí dónde no llega nadie…
Teníamos unas cuantas cosas que hacer, con las cuentas en los bancos, pagar los impuestos, y hacer unas compras, no había electricidad en toda la ciudad, lo cuál ralentizó todo bastante…
El asistente que tiene SIDA ha vomitado algo que no sabemos bien lo que es. Ha accedido a comenzar con la medicación a cambio de que le llevásemos con su familia en la ambulancia. Está a algo mas de dos horas, esperemos que no sea tarde.
El
jueves, empecé a hacer el informe del mes, tarea de oficina. Tenemos dos oficinas, en una está el contable y la sister que ejerce de secretaria y en otra estamos la sister in charge (cómo la directora) y yo. Estoy encantado con ella. Tiene bastante paciencia con mi inglés, la encanta hablar, levantarse a ver lo que escribo en el ordenador, preguntarme si todo está bien, un día me trae una Fanta, otro un caramelo… y muchas veces nos levantamos a dar una vuelta por el Hospital, a ver cuántos pacientes hay, que tal están. Hablar con la gente del staff es parte del trabajo. A ella es lo que mas le gusta, y está bien, porque aquí la jerarquía está muy marcada, y es bueno que hable con todos, para ser todo lo cercana que se pueda permitir.
El
viernes, hubo tiempo… bueno, tengo que acostumbrarme a no medir el tiempo. Las cosas aquí, no son tan sucesivas como allí, a lo mejor es mas importante dar un paseo por el Hospital con la Sister que terminar las cuentas en el plazo indicado…
Nos pusimos a hacer un planning. Ella tenia preparado una larga lista de cosas que hacer, y yo estaba con el calendario en mano. Iba cuadrando cada cosa en un día, y al terminar, dije: ¡vaya parece que ya tenemos completito el mes de febrero!. Ella, me dijo: ¡pero si con todo esto, tenía pensado hacer el planning de todo el año! (y quizá al final veremos que ella era la que tenía razón).
Por la noche hubo tormenta eléctrica, no tan llamativa cómo la otra vez… además, estaba haciendo mi primera tortilla de patata!... bueno… yo diría que falló el aceite, que no es tan bueno cómo el de allí, que sino… ¡jijiji!
¿Dije que estaba en el lugar dónde no llega nadie?, pues me tengo que retractar. El Domingo fuí a otra de las Misas de aquí, de dos horas, llena de entusiasmo. En el ambiente se podía respirar la felicidad de la gente, en sus cánticos, en los que los tambores sustituyen a nuestras guitarras, y sus bailes, sobrios pero alegres. Hacen las Misas diferentes. Aquí han llegado todas estas personas, y con ellos está Dios, que estoy seguro, está tremendamente a gusto junto a ellos, sintiéndose cómo uno mas. Al salir todo son saludos, caras sonrientes, miradas sinceras y ojos a través de los cuáles puedes ver absolutamente toda la persona. Es increíble que al andar, al conducir la ambulancia, al cruzarte con una de estas personas, esta te mira, quizá por ser asungu (blanco), o quizá simplemente por ser alendo (visitante, huésped). Pero quizá por eso mismo, te miran y esperan un gesto, simplemente que levantes la mano en forma de saludo, entonces ocurre; su rostro se ilumina, cómo si todo cuadrase en ese momento entre ambos y con el resto del mundo, y ya puede ser una mujer sosteniendo con el cuello una pesada carga, haciendo equilibrios con una sola mano, por que con la otra lleva a su hijo, que, no se sabe cómo, levantará el brazo, saludando, mas aún, dando la bienvenida a su tierra. Y ya no cuento los niños, esos… se ponen a saltar, a dar gritos, a gozar de alegría… por eso digo que en este ambiente, las Misas, son demasiado cortas, deberían durar mucho mas, para poder disfrutar de esta situación durante horas.
Entonces, me viene de nuevo a la mente la palabra: “responsabilidad”. Responsabilidad con cada una de las personas que me dan su saludo, su sonrisa, no se ni como, pero debo aportar mi granito de arena a todo esto. Quizá simplemente haciendo bien mi trabajo, cumpliendo mi promesa de darlo todo, cada día, por el proyecto. Quizá también tratando de transmitir esta felicidad a aquellos que leen estas líneas. Aquí no transmito felicidad, ellos ya son felices. Pero algo dentro de mí me dice que sí, que puedo ayudarles, transmitirles algo.
Sueño despierto, mirando al horizonte, repleto de estrellas, con que algún día, sepamos juntar todo lo bueno que a lo largo de los siglos hemos ido aprendiendo en nuestra cultura occidental, con todo lo bueno que aquí han sabido guardar, de la esencia del hombre.