lunes 24 de marzo de 2008

Y ahora empieza la aventura

Una importante noticia llegó esta semana por que marcará los 4 próximos meses de Atupele. Resulta que la voluntaria que iba a Nambuna, por circunstancias ajenas a ambos, finalmente vendrá aquí. Helea, una voluntaria que ha estado casi dos años en Malawi, y que sin duda aportará grandes cosas a Atupele que tendrá dos voluntarios.

En cuanto a las ”cosas”

El lunes fue festivo, y vino a casa una de las personas del staff, a ayudarme. Mientras él arreglaba el jardín, yo limpiaba la casa.

El martes, me dediqué a hacer las cuentas, pasar las facturas y actualizar el cuadre.

El miércoles, me desesperé con el Internet en Karonga. Tenía que enviar unos archivos muy importantes, necesitamos una ampliación presupuestaria para pagar los sueldos de tres meses (la organización que se había comprometido ha hacerlo en Abril, no lo empezará a hacer hasta Julio)

El jueves, me dediqué a hacer varias cosas de la oficina… preparar el libro de precios de la farmacia, y también tuve la oportunidad de acompañar a las monjitas en su Adoración.

El viernes, después del día de trabajo les puse la película de la Pasión de Cristo a algunos del staff.

El sábado por la tarde estuve preparando la casa para la venida de Helea, y monté en bici, cada vez voy llegando un poquito mas lejos, ya tengo unos “admiradores” que me van siguiendo en mi camino y esperan que les haga fotos.

El Domingo, estuve vagueando bastante, descansando, estando sólo en la casa…

lunes 10 de marzo de 2008

Las Gentes 2 : "Las Monjitas"

Es lo correcto. Si al empezar a hablar de la gente que me rodea durante mi estancia en África, empezar hablando de las personas que son aquí mi familia, mis compañeras de trabajo y mis hermanas en la fe: mis queridísimas sisters.

Las Sister of the Holy Rosary (hermanas del Santo Rosario) es una congregación de religiosas católicas, nacida ahora hace 54 años, y que aproximadamente ese es su número actual de componentes.
Viven en y para los proyectos humanitarios que aquí desarrollan. Como contraparte, a excepción de la comunidad de la Generalate o Casa Madre que es encargada de dirigir la congregación desde Mzuzu, el resto de comunidades se encargan de colegios, orfanatos, hospitales… incluso en su centro de formación (especie de noviciado, tienen un pequeño centro de salud). Trabajan sobre todo al norte de Malawi, pero también tienen algunas comunidades en Tanzania.

Pues bien, la Comunidad de San Esteban, está compuesta por 6 monjitas. Aunque el convento (o casa del personal permanente cómo se llamó a los donantes) tiene 8 celdas (habitaciones) las demás poco a poco irán llegando, en función de las necesidades del Hospital.

Las voy a presentar muy brevemente, por que seguramente hable de alguna de de ellas mas adelante.

  • Sister Angela, es la gerente de la comunidad, la encargada en la casa. Tienen dos empleadas, que las cocinan, limpian y lavan la ropa.
  • Está Sister Msowoya, que es la Directora del Hospital y con la que trabajo “mesa con mesa”.
  • Luego hay una Sister encargada de la farmacia, y otra enfermera, está última, Sister Margaret, es tan gordita cómo cariñosa. Tiene los pies muy mal, pero siempre está sonriendo, siempre tiene una palabra bonita y alegre para los demás, es sentida pero dura, cuándo así debe de serlo.
  • Por último hay dos que colaboran esporádicamente con el Hospital, cuando su labor pastoral en la parroquia se lo permite. La más mayor, que llegó a ser la Directora General de la Congregación, la dejó muy mal parada un accidente de tráfico. La más joven, tímida, que aún no sabe bien inglés, pero que es la mas estricta en sus comportamientos y composturas.


Se levantan cómo el resto de la gente aquí, al amanecer (entre las 5 y las 5:30). Hacen sus oraciones de la mañana, y van a Misa. Después tienen sus trabajos ordinarios, que mas o menos he descrito, desayunan, comen, meriendan y cenan siempre juntas. A las 17:30 tienen sus oraciones (a veces un Rosario y una vez a la semana la Adoración al Santísimo).

Son en general gente buena. Las monjitas aquí sobresalen, 1º por sus hábitos, siempre impolutos, cosa muy extraña aquí, no sólo porque no hay lavadora… también por que en época de lluvia el barro siempre está presente y en época seca lo hace el polvo. Una vez que hablas con ellas te das cuenta de que “han salido” tienen sus estudios (Sr. Msowoya estuvo tres años en irlanda, dónde estudió enfermería) y por ello es fácil el trabajo diario con ellas. Pero a la vez son de aquí, con lo que mantienen una comunicación muy directa con el resto del personal del proyecto.

En el fondo, es una gozada convivir con ellas. A lo largo de mi vida, he tenido trato cercano con Sacerdotes, pero nunca con monjitas, y la verdad, siempre me las había imaginado así, y no es que defraude esto, por esperar que todo fuese diferente. Al contrario, es increíble descubrir que el hombre (las mujeres, las monjitas en este caso) son en su raíz iguales entre sí, sus ilusiones, sus amores, sus defectos y virtudes. Las tenemos igual aquí que allí, y eso me hace tenerlas aún mas cariño, y mas respeto por ellas mismas y también por su vocación.

Dios siempre elige a los pequeños

Decía San Agustín, que antes de que los edificios puedan elevarse deben de humillarse. Y es cierto, cuanto mas alto queramos construir el edificio, mas abajo deben de llegar los cimientos.

Y esta semana me ha tocado, “cimentar”. El edificio de Atupele, esta construido. Yo ya tengo 30 años, y debería estar ya mas que elevado. Sin embargo, Atupele le quedan muchas salas por abrir, muchos servicios que dar y muchas vidas que salvar, y a mí me faltan muchas cosas que aprender.

El blanquito, llega aquí, con su formación, con su “dinero” y todos les dan los mejores puestos, tienes que ir adelante en el coche, te ponen a presidir la mesa, y puedes caer fácilmente en creerte mas o mejor, y esto me pasó a mí. Llegué con la mentalidad de querer enseñar, de ayudar, y veía (sobre todo a mis compañeros de la administración) cómo un poco desastres, poco formados. Y no es que les mirase por encima del hombro, pero sí echaba un poco de menos los compañeros con los que trabajaba en España: mas profesionales, mas formados. En resumen: mejores. Y esta semana, aprendí que al menos yo, no lo soy.

El lunes fuimos a Mzuzu a primera hora de la mañana (salimos 5:30, al amanecer). Llegamos y fuimos directos al banco a sacar el dinero para pagar las nóminas, 960 billetes. Los metí en la mochila. Después fuimos a comprar las bombillas, los cables y un regulador para una nueva instalación eléctrica provisional, que hemos hecho con unos paneles solares y unas baterías. Luego fuimos a pagar el salario a una enfermera del Hospital de San John, que estuvo sus vacaciones trabajando para nosotros. Después fuimos a la Generalete. Allí puse el dinero debajo de la cama. Dormimos allí. Las sisters, cómo siempre, me habían preparado una carne picada riquísima… y me trataron con gran cariño. Al día siguiente seguimos haciendo cosas por Mzuzu, tuve tiempo para meterme en Internet… y lo disfruté muchísimo, había muy buenas noticias. Volví a la Generalete, cogí el dinero y volvimos a Atupele.

El miércoles al preparar los salarios me dí cuenta que faltaba dinero, daba igual que lo hubiese perdido, me lo hubiesen robado, o que se yo… pero era MI responsabilidad. En España la cantidad que faltaba, no es muy grande, de hecho, ya lo he resuelto con un dinero que tenía para ese tipo de emergencias, y con él pudimos pagar todos los salarios. Pero aquí si es representativo, aquí son muchas ilusiones, muchas medicinas, muchos esfuerzos… que por mi despiste, o mas bien por mi orgullo, mi exceso de confianza en mí mismo se han perdido. Parece que Dios sigue queriéndome hacer pequeñito, “llevarme al desierto y allí sin mis preocupaciones, sin mi YO mismo, hablarme tranquilamente”


El jueves estuve con un técnico que vino a hacernos la instalación de los paneles solares que nos permitirán tener electricidad provisional hasta que llegue la definitiva y así poder funcionar normalmente en pediatría, maternidad, administración…

El viernes, tuvimos la primera reunión de la comisión de farmacia. Pusimos los precios, que se les cobrarán a los pacientes por los tratamientos (al menos los mas habituales). Se definieron uno a uno y nos llevó prácticamente todo el día. Básicamente cobraremos las medicinas mas lo que nos cuesta aproximadamente traerlas (desde Europa algunas y desde Lilongwe otras). Lo que es el personal, lo cubrirá, a partir de Julio, una asociación cristiana de servicios sanitarios de Malawi, que está a su vez subvencionada por el gobierno. El mantenimiento de las instalaciones será sufragado por una granja que estamos construyendo. De esta forma el proyecto será sostenible… aunque debemos ser prudentes, para alcanzar esto, aún quedan muchos pasos. De todas formas, mientras sigan llegando fondos desde España, iremos ampliando los servicios, contratando mas personal, mejor equipamiento, empezaremos los “proyectos paralelos”….

El sábado, me ocurrió la anécdota que remata la semana… Decidí dar una vuelta con la bici por la tarde, sin acordarme de que hace tres meses que no hago deporte (bueno, quizá, en serio 3 años). Empecé a subir las colinas que forman la frontera con Tanzania, y a la media hora tuve que parar a descansar. Lo que para mí es un camino, para la gente, aquí, es la carretera, y nadie se para en mitad de la carretera, deja la bici y se sienta… Así que unas buenas mujeres me saludaron. Yo les respondí (ya me sé bien los saludos en Tumbuka) y empezaron a preguntarme mas cosas. Quizá, simplemente, aquí lo normal es levantarse cuando alguien te saluda. El caso es que no sabía que me estaban preguntando, y solo les decía que todo estaba bien. Luego aparecieron mas personas, y cuando me quise dar cuenta de que se habían pensado que había tenido un accidente, era demasiado tarde. Encima intenté explicarles que “chipatala (hospital)” “trabajo en el hospital”, y ellos pensaron que necesitaba que me llevasen a Atupele… de verdad que Paco Martínez Soria, no lo hubiese hecho mejor que yo.

La gente de aquí es increíble. Me dieron lo único que tenían unas mazorcas de maíz, cómo si eso pudiese solucionar cualquier accidente, pero era lo mejor que ellos creían que podían hacer por mí. Al final, simplemente, traté de desviarles la atención, saqué la cámara de fotos, y jugamos con ella, les enseñé el zoom… y nos reímos un rato. Por fin se dieron cuenta, que tanto yo, cómo la bici, estábamos bien. Eso sí, las mazorcas no las conseguí devolver, casi se ofendieron cuando lo intenté… y yo, que quería venir a ayudar a esta gente…

Esta cosa Mágica llamada Internet

Es imprescindible para cualquier tipo de voluntariado la “desconexión” del mundo del que procedes, y mas aún en un voluntariado de larga estancia. Si tratas de estar en los dos sitios a la vez, ni la mente, ni el cuerpo logran centrarse.

He conseguido desconectar. En ciertos aspectos hasta me sorprende. No tengo ni idea de las noticias que en España se estarán comentando, si Rajoy y Zapatero se siguen peleando, o si el Madrid ganara otra vez la Copa de Europa, incluso de temas importantes, culturales, ¡estoy desconectado!. Me interesan las noticias de Malawi, y ni siquiera eso, estoy centrado sólo en lo que ocurre en el Hospital. Aquí se habla del último paciente, o de si va a llegar la electricidad. Esto es lo importante hoy para mí. No es que el resto no sea importante para mí, sigo rezando por esta España nuestra, y mucho. Pero ahora, estoy aquí.


Sin embargo, he de reconocer que estos pequeños momentos en los que una vez a la semana, me “bajo” los correos de la gente que me quiere, son verdaderamente especiales… Con el paso de las semanas, vas descubriendo cuáles eran los verdaderos amigos, en lo bueno y en lo malo. Llegan a la pantalla, noticias tan importantes cómo el nacimiento del hijo de Amaya y Pablo, la boda de Ignacio y Elena, los compañeros de trabajo que se siguen acordando de mí (y no sólo porque me quieren matar) y cómo no, la cercanía de la familia.

En la Universidad donde estudiaba, eran “conocidos” dos personajes. Uno, estudiante de periodismo, pelo rasta, algo bohemio (se dedicó luego a vender libros antiguos y ahora vive en Chueca…). Sus pintas parecían que desentonaban en la universidad privada. El otro, estudiante de derecho, pelito corto, camisa por dentro del pantalón, planchadita por su mamá, y al que podías ver habitualmente charlando con el capellán, sus formas parecían desentonar con la época…

Sin embargo estos dos personajes, a primera vista opuestos, se les veía en la cafetería, charlando ¡y parecían llevarse bien!... La gente me preguntaba “¿y quién es ese?”: “mi primo Álvaro”. Es el típico primo que procuras sentarte a su lado en todas las comidas familiares, sabes que te lo vas a pasar bien y vas a poder charlar de todo. Un tipo así, es seguro que se lleva bien conmigo. Bueno, pues resulta, que el “vendedor de libros antiguos” ha tenido un hijo, Martín, y el de la camisa planchada, está en África, “ayudando a los negritos”… Parece que los caminos se han cruzado, y sin embargo, a través de Internet, siguen conectados. Me escribo con sus hermanos Ignacio y Quique, el otro día su madre me escribió un mensaje precioso…

Y eso sin contar con todas las buenas noticias que desde allí me llegan, ¡mi equipo de fútbol de los amiguetes de toda la vida primeros en la tabla (será gracias a que estoy lejos, sino, no lo permitía, el orgullo es el mas peligroso de los pecados)! Y para que contar, cuando también recibí de mi hermano una foto de mi sobrina… que se me cae la baba.

Son pequeñas concesiones, caprichos o vicios… que me permito, después de todo, entre los correos “de trabajo” (también de buenas noticias que me llegan diciéndome que se aprueban los presupuestos o que llegarán visitas desde España a Atupele) no me voy a saltar estos otros tan bonitos..

La parte mejor

5.20 de la mañana. El día se empieza a dibujar. Mi Sister llama a la puerta de la casa del voluntario.

Hoy es día de muertes, pero a la vez, de cosas muy bonitas.

Ha muerto la suegra de Devline. También murió Mr. Kayira, la semana pasada ya le tuvieron que trasladar al Hospital de Lilongwe, y se esperaba pronto la noticia. Era de ese tipo de personas, con las que se podía contar. Fernando y yo tuvimos grandes esperanzas puestas en él. Podía llegar a ser un buen médico, incluso el director de esta área en el Hospital. Analizaba perfectamente la situación del proyecto y aportaba buenas ideas y críticas constructivas, cosa poco común. Deja una viuda jovencísima, embarazada.

La ambulancia debería de ir a Lilongwe, recoger el cuerpo. Iríamos con Sister Angela, con el driver, la abuela, el hermano, y luego se unirían la madre, la mujer y quizá alguien mas.

Más tarde dormiríamos en Rumpi, y al día siguiente atravesaríamos el parque nacional, hasta Chipita, y luego hasta su comunidad, dónde pasaríamos la noche y si todo iba bien, volveríamos el miércoles.

Se produjo un primer momento de tensión. La Sister me dijo que el viaje sería muy cansado, le dije que no me importaba, me dijo que no sabía que iba a comer, la dije que me llevaría cosas de casa, me dijo que la carretera era muy mala… mil cosas. Luego me dijo que no sabía dónde iban a dormir el martes, que probablemente no dormirían, y que por las comunidades de Chitipa, había muchas lluvias y por tanto muchos mosquitos y otros insectos. La dije que si temía por mí, que podría dormir en la ambulancia, aunque finalmente, cómo insistió tanto, decidí quedarme.El caso es que alguien también debía quedarse en Atupele.

El lunes tuvimos clínicas “fijas”. Cada mes se cita a las madres que vienen a hacer la revisión a sus hijos, se les da una pequeña formación en higiene, se pesa a los bebés para ver su nivel nutricional, y se les ponen las vacunas correspondientes a su edad. Fue precioso, estuve con las madres, jovencísimas la verdad. Me daba hasta vergüenza. Me agradecían todo cómo si gracias a mí pudiesen cuidar a sus hijos. Quizá en cierto modo, represente a todas esas personas, empresas y entidades, que con su esfuerzo han hecho realidad esto. Es un pedacito de cielo, poderse sentar alrededor de tantas madres, de tantos niños, jugar con ellos, mientras las madres ríen, al ver a su hijo asustarse por ver a alguien ¡con barba!...

Recibí también las condolencias por la muerte de Mr Kayira, era parte del Hospital. Fue un día sin duda extraño. No me enfadé, me quedé con la certeza de que Dios me daba esta parte, que “mis aventuras” no eran en este momento, que aún estaba preparándome para ellas.

El resto de la semana, fue como un desierto. Pasan las horas, pero no pasan las horas. En realidad fue muy productivo, enseñé al contable ha preparar las nóminas en un nuevo programa que previamente me había estudiado, preparé unos planos para unas nuevas casas para posibles futuros empleados, volvió el párroco tras unos días fuera y comí con el, convencí a una enfermera para que en un par de meses volviese para dirigir la maternidad… Sin embargo, pasaron las cosas, pero fue cómo si no me pasaran a mí, simplemente sucedieron.

El domingo, decidí irme con el Padre Paul a una de las comunidades perdidas, a las que no se puede llegar en coche, y en la que con el esfuerzo de todos está intentando terminar de construir la Iglesia, de esas a las que el cura sólo puede llegar cada dos/tres meses, y que aprovechan para hacer los bautizos. Es toda una gran fiesta el que puedan tener la Misa en su Iglesia. Me llevé mi camiseta de Juventud Misionera, y cómo en los viejos tiempos, simplemente, ver, observar y sentirse observado. Necesitaba sentir esa paz, ese hacer algo sin hacer nada. La gente me agradecía enormemente que hubiese ido. Para ellos, es cómo si alguien de muy lejos, se hubiese preocupado por ellos, y en cierto modo, así fue, al estar, al rezar, al celebrar la Eucaristía con ellos. Fui uno mas de la comunidad, y así lo sentí.

Nos invitaron a comer y fuimos un rato a Karonga antes de volver. Por la tarde, traté de hacerles una especie de torrijas a las Sisters, que salieron con demasiado aceite, y allí estaban ellas, intentándolas comer cómo podían…